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Cartelería y Producción

Producción como extensión del diseño

La cartelería no es un rubro aislado: es una herramienta más dentro del proceso integral.
Cada pieza —ploteos, vinilos, estructuras, paneles o señalética— forma parte de un sistema que empieza en el diseño y continúa en la materialización y el montaje.
Trabajo desde la idea hasta la instalación, integrando gráfica, soporte, técnica y espacio según lo que cada proyecto necesita.
La producción se adapta al concepto, no al revés.

Diseño de marcas & logos / Identidad visual / Diseño editorial / Señalética / Interfaces virtuales / Visualizaciones 3D  
Servicios:
yogen früz-heladería

El proyecto Yogen Früz se inscribe dentro de un proceso de transformación urbana más amplio que tuvo lugar en la zona de Reus y Goes, en Montevideo. A partir de políticas, normativas y proyectos que incentivaron la recuperación del tejido barrial —vivienda cooperativa, reapropiación del espacio público, nuevos usos comerciales y culturales— el área comenzó a reactivarse, recuperando movimiento y permanencia más allá del horario comercial tradicional.
En ese contexto, el Mercado Agrícola de Montevideo se consolidó como uno de los grandes atractores del lugar: una estructura de gran escala, reciclada y adaptada, que articula gastronomía, comercio, circulación y encuentro.
Un espacio de tránsito constante, donde la repetición diaria del recorrido hace que cualquier cambio sea inmediatamente perceptible.
Es dentro de esa dinámica que surge el encargo. El local, perteneciente a una franquicia internacional, debía respetar lineamientos gráficos preexistentes —tipografía, identidad base, lógica de marca— pero necesitaba generar una presencia renovada, reconocible y propia, capaz de dialogar con el entorno y diferenciarse dentro del conjunto del mercado.
El punto de partida fue un espacio excesivamente neutro: superficies blancas, acero inoxidable predominante, escasa jerarquía visual y una comunicación interior prácticamente inexistente. Desde allí, el trabajo comenzó en el plano de la comunicación visual, entendida no solo como gráfica, sino como sistema: identidad, objetos, espacio, recorrido y experiencia.El proceso se desarrolló en diálogo permanente con el cliente. Más allá del diseño físico, se trabajó en la construcción de un speech de venta y una forma de comunicación directa con el público: natural, honesta, sin sobrepromesas, basada en el conocimiento real del producto y en una actitud positiva frente al cliente.

Pensar cómo nos gustaría que nos vendieran algo, cuánto tiempo lleva cada pedido y qué puede comunicarse durante la espera fue parte integral del proyecto.
Desde el diseño gráfico y el modelado 3D se exploraron distintas alternativas volumétricas y espaciales.

El proceso incluyó instancias de prueba, descarte y decantación: algunos conceptos se cargaron, otros se depuraron, siempre considerando las dimensiones reales del local —aproximadamente 5 metros de frente por 7 de profundidad— y sus condicionantes constructivas.
La estructura superior existente, con vigas IPN visibles, permitió colgar cartelería luminosa y aprovechar el plano aéreo como soporte comunicacional.
La materialidad se resolvió a partir del contraste.
El acero inoxidable existente se potenció mediante la incorporación de vinilos negro mate, aportando elegancia y definición.
Las paredes blancas se intervinieron con ploteos texturados y degradés en magenta y cyan, colores asociados al universo de dulces, toppings y fruta, generando una atmósfera lúdica sin perder sobriedad.
Los objetos reales —máquinas, insumos, toppings— se integraron al sistema visual como parte activa del relato.
La comunicación interior se resolvió mediante cartelería luminosa, estructuras metálicas, MDF y lonas backlight, pensadas para acompañar el tiempo de espera, ordenar la oferta y facilitar la elección.
El uso del isologotipo se trabajó de manera precisa: vinilos de corte, esmerilados y detalles gráficos permitieron dar identidad a planos antes indefinidos, sin saturar el espacio.
Uno de los aspectos clave del proyecto fue la reorganización del flujo y la circulación.
La disposición original generaba cruces, recorridos innecesarios y dificultades operativas tanto para clientes como para el personal.
Se rediseñó la secuencia de uso: ingreso, lectura de cartelería durante la espera, pedido, preparación y despacho, generando dos colas claras —entrada y salida— y un recorrido continuo, más seguro y eficiente.
La caja se ubicó estratégicamente al final del recorrido, optimizando tiempos, seguridad y experiencia.
La cartelería principal y secundaria funciona como síntesis de todo el proceso.
No aparece como un agregado final, sino como el resultado natural de una construcción previa que comienza en la comunicación visual, se despliega en objetos, espacio y operación, y finalmente se consolida en una presencia clara dentro del mercado.
El resultado fue una transformación perceptible del local, tanto en su imagen como en su funcionamiento cotidiano. Yogen Früz continúa en actividad, integrado al ritmo del mercado y al uso diario del espacio, confirmando la vigencia de una intervención pensada desde el sistema y no desde la pieza aislada.

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